El amigo imaginario

Cuando se vive solo, a veces, se crean amigos imaginarios. A veces los amigos reales se hacen imaginarios. Empiezan a vivir en la mente. Es un fenómeno difícil de explicar. Pasan de ser objetos separados de uno, a adquirir vida propia dentro de la mente del soñante. Y por supuesto, entablan conversaciones. Pero no solo eso, ese amigo imaginario puede darle su opinión ante cada palabra o acto, y así la soñante puede amoldarse a su gusto. Porque la soñante, como la voy a llamar a partir de ahora, quiere caerle bien a su amigo. Tiene tanto deseo de su beneplácito que lo incorpora a su psique como un elemento más. 

Al principio puede parecer algo inocente pero pronto el amigo imaginario empieza a tomar espacio y a dejar a la soñante sin recursos. Puede llegar a hacerle creer que está en todos lados y que solo es cuestión de tiempo y un poco de magia que se materialice enfrente de ella. En cada rincón de la habitación, de la radio, de las conversaciones ajenas, puede escucharlo, y ella piensa que es él, su amigo, que le está dando mensajes encriptados por doquier.

De esa forma la soñante entabla una relación en su propia mente con alguien que no existe en la realidad. Y se dedica a responderle a los mensajes que su mente interpreta con los mismos mensajes encriptados que cree percibir. Y crea una relación. Se siente acompañada. El amigo, que puede aparecer en todos lados, adquiere poderes paranormales, es un dios o un semidiós omnipotente. De esta forma, la soñante se vuelve a sí misma una semidiosa cuando logra ponerse a la altura de su amigo, es decir, de su mente. Llega un punto en que la soñante puede relacionarse con él sin necesidad de recurrir a los elementos externos, sino que puede hacerlo a través del pensamiento y la palabra de forma instantánea.

Entonces la soñante espera, espera que por fin aparezca, se materialice de la nada, aparezca y juntos formen una pareja de perfección. Dios y diosa unidos, nada los podrá parar. Todo apunta a que esa unión está lista para consumarse, cuando ya el amigo se llevó por delante todos los recursos de pensante normal y corriente y la convirtió en una semidiosa capaz de todo con su pensamiento y el poder adquirido de esa relación.

Puede pasar que el amigo imaginario, al ser imaginario, nunca pase la frontera de lo real. Que no aparezca, que no se manifieste, que no surja mágicamente de una nuez plantada como creyó la soñaste. Entonces la soñante no entenderá mucho, porque los mensajes y las señales están ahí, ajenos a ella; y ella, ya se sabe que loca no está. Entonces simplemente esperará y seguirá preparando todo para su llegada; quizá se desespere un poco, pero es mejor eso que estar solo, así que con gusto seguirá esperando y preparando, hasta que su mente pase de hablar con su amigo a hablar con quien todo lo escucha: el mismo Dios en este caso. Entonces, ahí sí, no puede haber pérdida, porque Dios es bueno y nos recompensa nuestra fe, y ella ha tenido tanta fe que sólo es una cuestión de tiempo para ser recompensada con creces. Además, para hablar con Dios sólo tiene que ir a una iglesia y escuchar su palabra, donde verá corroborados cada uno de sus pensamientos y le añadirán más información que a ella, en su inocencia e inexperiencia en las cosas divinas, todavía se le escapaban.

Con Dios no hay pérdida, y es solo cuestión de conectar con él para que responda, para escucharlo con la misma voz que antes hablara a su amigo. Además, ella lo siente. Ella siente a Dios dentro, y en cada cosa; Dios está en todos lados. 

De esta forma perdió ella su cabeza, y se mudó a vivir a la ciudad sin luces.

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