La verdadera historia de Penélope

Ulises le había dicho a Penélope, de forma diligente, que el día que ella acabara su manta ese mismo día y no otro él aparecería como por arte de magia a casarse con ella. Penélope, asustada, deshacía cada noche lo que había tejido durante el día pues no le apetecía casarse con semejante energúmeno, ella esperaba el hombre de su vida, y tenía tantos pretendientes que confiaba en que algún día llegaría. Pero no era así, y Ulises se iba desesperando con tantas aventuras en su espera. Le había dejado algo sin embargo que a ella le gustaba mucho, un pequeño dinosaurio que no necesitaba ni comer, y cuando los pretendientes lo veían salían despavoridos, no así por el amor de Penélope quienes todos codiciaban. Y a ella le gustaba sentirse admirada y deseada por todos. Llegó el día en que Ulises se cansó de tanto mambo y volvió sin que Penélope hubiera terminado su manto, rompiendo así el pacto que habían establecido; ella se sintió violentada por eso, pero no tanto por ver que, cuando llegó, el dinosaurio – su única compañía en aquel tiempo – ya no estaba allí.

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