MANIFIESTO ANTIPSIQUIÁTRICO

Los locos somos los incomprendidos de la sociedad. Lo que no entiende el humano, lo aparta. La locura no la comprende nadie. Quizá algunos pocos que han encontrado la luz después de pasar por ella, que no necesitan que nadie les explique lo que es estar ahí. Pero los médicos, los padres, el ciudadano medio de a pie no la entiende y, por tanto, le asusta. No hay que asustarse de la locura, no hay que asustarse de que alguien se crea Dios, porque a lo mejor en su percepción está más lúcido que todos los demás, los que lo rechazan.

La locura no se entiende ni se puede reducir a neurotransmisores mal gestionados (pues estar ya están en nuestro cerebro). Si los médicos, los científicos, pudieran reconocer eso, que no se entiende racionalmente, yo me quedaría tranquila.

Me parece que la medicación que se les da a los locos son experimentos cerebrales que pueden salir bien o mal y que, desde luego, no aportan ninguna solución al problema. He tomado medicación durante 5 años a conciencia, porque sufría un desajuste mental, y no fue la medicación la que me curó. Simplemente la dejé de tomar cuando ya no me hacía falta. Siempre me la autorregulé, pero tuve suerte, me mandaron muy poco. No es así ahora. Mi cerebro está sometido a un experimento, le están usurpando la dopamina, la dopamina que es la que me da motivación para vivir.

Yo no quise tomarla, no fue mi decisión. En ningún momento perdí el norte, en ningún momento pedí “por favor, denme medicamentos, no puedo con esto”. Pensaba que, de hecho, el psiquiatra me dejaría libre, pero fui inocente. Ahora tengo que lidiar con las consecuencias antinaturales de estar medicada y proceder a retirarla cuando a todos, psiquiatra y padres, les parezca que puedo hacerlo. Lo que yo pienso u opine sobre mi propio cerebro no es tan importante porque tengo la desgracia –para mí suerte- de estar desajustada a lo que están los demás tan bien ajustados.

¿Por qué se le quita la autoridad a estas personas sobre su propia vida? ¿Por qué se las encierra, por qué se las ata, por qué se las medica hasta, en casos reales, casi llegar a matarlas? Si no se entiende, si no se entiende la locura. Por qué no prueban a ensayo y error con otras cosas, con amor por ejemplo, con el apoyo de la familia, con hablar, con tolerar, tolerar, tolerar que para la persona no es fácil lo que está pasando pero eso no significa que sea estúpida o que deje de ser humana como para dejarla sin voz ni voto sobre su proceder.

Conozco muchos “locos”, cuando les hablo, me responden como cualquier ser humano. A lo mejor con muchos menos filtros que cualquier otro humano, por eso será que asustan. Los “locos” no tenemos miedo de la verdad, ni de decirla, porque la vivimos, la vivimos hasta que la verdad gana la partida y se lleva todo lo que pensábamos que quedaba de nosotros.

Cuánto sufrimiento, cuánto encierro en la oscuridad.

Y no por culpa de la locura. La locura no es maligna en sí. Pero los laberintos por los que tiene que pasar una persona con una condición así en nuestra sociedad, para mí sí lo son.

Cuando no se entiende, la locura no se entiende…. Es algo sobrenatural, es un encuentro con el infinito, con memorias pasadas, es una experiencia transpersonal. Y la persona que lo padece no tiene culpa de ello. Yo no tuve culpa de ello y aun así, tengo que pagar para no molestar a los demás con mi felicidad sin límites, como si fuera mío el problema, como si fuera mi culpa que se me fuera el santo al cielo. Todos los viajes de drogas, todos los viajes de la conciencia se pueden volver oscuros, como la locura… pero también pueden ser infinitamente luminosos.

No hay personas que entiendan esos procesos realmente en nuestra sociedad. Sólo tenemos las pastillas. Y es una pena, una auténtica pena.

Reivindico nuestro derecho de estar locos y andar sueltos, pues esto no es de nadie, hay sitio para todos. Los locos no son agresivos, pero la verdad que en ese momento nos invade puede serla. Digo sí, necesitamos ayuda, pero otro tipo de ayuda. Alguien que nos entienda, que nos tranquilice, pues estamos tan solos en lugares tan difíciles que quizá, una mano amiga sea todo lo que precisamos. Medicación, si queremos. Pero ése no es el punto, la medicación. Es recoger los regalos que nos está dando la vida de forma que podamos recogerlos como si de un ovillo se tratase y sirva para algo, para sacar alguna conclusión al menos, y cada uno sabrá a dónde le lleva.

Se empieza mucho antes de la locura, se empieza por la incomprensión que padecemos ciertas personas en nuestra sociedad, los marginados; solo por ser menos quedamos fuera del juego, ¿y si el juego estuviera invertido y resultara que no estábamos mal encaminados?

Quizá sea algo para pensar, quizá en los momentos más duros a nivel social y global los locos y marginados tengamos más aguante, como la película Melancolía. Tan sólo porque ya estemos de vuelta de todo, porque ya conozcamos personalmente el cielo y el infierno y sepamos discernir y mantener la calma ante cosas que a todos parezcan importantes pero nosotros sepamos que son más que triviales. Que las verdaderas cosas que poseemos no se nos pueden quitar, y que la sociedad está bien invertida, tanto, que nos llega a confundir a todos en algún momento.

2 Comentarios

  1. Te Felicito Sofia !
    Comparto tu sentimiento. Los que conocemos la locura propia y la muy cercana
    es una batalla dura de librar, ya que esta va acompañada de la soledad, porque despierta impotencia y miedo en los que no la” tienen “.
    Un Abrazo
    Laura

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